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Junto a los padrinos del Banco de Venezuela/Grupo Santander y sus hijos

Niños de la Casas Don Bosco se graduaron como observadores de la naturaleza

Más de 40 niños vivieron una experiencia única en el campamento ecológico de Curupao, lugar donde aprendieron a conocer su medio ambiente en compañía de Leonardo García, el primer guía ecoturístico de Venezuela, que les enseñó lo divertido que puede ser conocer las maravillas del Parque Nacional El Ávila

Guarenas, 7 de julio de 2007. ¿Quiénes ven en la televisión programas de animales?, preguntó Leonardo García, a más de 40 niños que acudieron al campamento ecológico Curupao. Más de la mitad rápidamente levantaron la mano, entusiasmados con la idea de que caminarían por más de una hora y media por un “sendero de interpretación”, para graduarse como detectives de la naturaleza.

La misión de García, el primer guía ecoturístico de Venezuela, es despertar en grandes y pequeños la curiosidad por conocer cada una de las especies que viven en la naturaleza. “Tienen que aprender a observar lo que ven, sin dejar de preguntarse porqué”, les indicó García a los niños de las casas Don Bosco y los hijos de los padrinos del Banco de Venezuela/Grupo Santander, que decidieron disfrutar juntos este recorrido al borde del río Curupao, en una zona que forma parte del Parque Nacional El Ávila.

Una libreta y un lapicero fueron los implementos que niños y adultos utilizaron para esta expedición. La tarea que impuso García fue buscar y anotar la diversidad de mariposas, hongos y árboles que se encontraban en el camino.

Jesús, el hijo de una de las madrinas del Banco de Venezuela/Grupo Santander, fue el primero en encontrar el indio desnudo, el árbol que cambia su piel al terminar el verano y sustituye el pelaje dorado por el verde oliva. “Ese es el árbol playero mamá”, comentó. Su tocayo, de la casas Don Bosco, se convirtió en un experto en encontrar diferentes especies de hongos. Al terminar el sendero, anotó en su libreta 22 tipos diferentes.

Pero fue Joen quien avisó sobre el descubrimiento que más impactó a grandes y pequeños: la mariposa con ojos, una extraña especie que abunda en el campamento Curupao, que gracias al particular diseño de sus alas puede simular un animal con ojos saltones y de esta forma se protege. Félix fue otro que se dio cuenta de un caso muy particular en el bosque, un enorme panal de abejas estaba muy cerca de siete nidos de pájaros colgantes. El le preguntó al guía la razón de ese fenómeno. “Siempre suele estar un panal cerca de los nidos, para proteger a los pichones”, contestó García.

Este guía, que lleva más de 30 años recorriendo con adultos los bosques, llanos, arrecifes coralinos, la selva y el páramo venezolano, le entusiasma mucho el reto de convertir a los niños en observadores de la naturaleza. “Los niños son como una esponja, absorben mucha información y tienen el privilegio de no tener miedo a preguntar cuando simplemente desconocen algún elemento particular que les llama la atención. Los adultos en cambio temen exponerse al ridículo”, comentó.

García asegura que el sendero de Curupao es un museo vivo. “Es una galería de arte natural. Cada parada que haces es un cuadro, en el que puedes encontrar explicación sobre la vida silvestre y el complejo mundo de la naturaleza. Lo que aprenden los niños al recorrerlo les sirve para toda la vida”.

Oralyn Caldera, vicepresidenta de Responsabilidad Social de la Fundación Banco de Venezuela/Grupo Santander, también está convencida de la enorme importancia que tiene para los más pequeños este contacto con la naturaleza. “Cuando los niños juegan a identificar los hongos, los líquenes, a reconocer la variedad de árboles en el recorrido del sendero de interpretación, aprenden a conocer la naturaleza. Y tú solo cuidas y conservas lo que conoces. Además cuando disfrutan de una piscina que se alimenta del manantial que viene de la montaña, los niños le dan valor al agua que brota de ella, saben que seguirá fluyendo a medida que la montaña se mantenga viva y tenga la cobertura vegetal que tiene”.

Pero este paseo al campamento Curupao tiene doble valor. Por un lado todos los niños aprenden y gracias a ese conocimiento comprenden la importancia de cuidar el ambiente. Pero esta actividad la comparten los niños de las casas Don Bosco con los hijos de sus padrinos, estimulando así el contacto familiar. “De esta forma el Banco de Venezuela/Grupo Santander combina el interés que tiene por brindar cariño y atención a esos pequeños en situación de riesgo y garantiza que a futuro aprendan a cuidar el ambiente”, explica Caldera.

“Para mi y mis hijos fue importantísimo dar un poco de mi tiempo para que esos niños disfruten con tan poco. Me hizo reflexionar sobre el pequeño esfuerzo que tenemos que hacer para lograr que otros se sientan felices”, comentó Marie BlancoFombona, madrina corporativa de la institución financiera.

Olenin Riobueno también apreció el encuentro con los pequeños de las casas Don Bosco. “Fue un regalo poder integrar a nuestros hijos con los niños de estas casas de albergue. Me di cuenta que existe una gran necesidad de afecto en ellos y por eso es necesaria la figura del padrino corporativo”, comentó otra de las madrinas.

El guía de la naturaleza también valoró el enorme interés que despertó en sus alumnos. “Si de estos 40 niños, enamoro de la naturaleza sólo a dos, el trabajo está hecho, porque estoy seguro que nunca más olvidarán estar alerta a la naturaleza y podrán reconocer, incluso sentados en un jardín de Caracas, cuando pasa una gucamaya o se posa una mariposa”.

 

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